Tuesday 16 june 2 16 /06 /Jun 03:06
Llamamos géneros académicos a las formas que asume la producción intelectual proveniente de los centro de educación superior. Con esta definición no queremos remitirnos al hecho circunstancial del lugar en donde se realiza la investigación, si no en conjunto de normas, tanto explicitas como implícitas, adoptadas por esos centros de estudios. Naturalmente, fuera del ámbito académico se produce textos que cumplen con los requisitos exigidos en los trabajos universitarios e el interior de la universidad, textos a lo que se reclaman no cumplir con el mínimo nivel académico, pero ningún genero puede ser delimitado por sus anomalías.
Los géneros académicos tienen como primera obligación el descostrar un conocimiento de la bibliografía sobre el tema. Es decir, en principio el trabajo académico debe sustentarse en el pensamiento previo de otros investigadores. Un segundo rasgo de los textos académicos es su carácter sistemático, esto es que constituye un conjunto ordenados de ideas y conocimiento vinculados entre si por un hilo conductor, formando un todo armónico. Vale la pena recordar en este punto que la filosofía positivista define a la ciencia como una organización sistemática de los conocimientos y que es el positivismo la ideología que sustento la conformación de la enseñanza superior en México y hasta hoy es la columna vertebral de la educación publica, De hay, pues, que la concepción de rigor científico que prevalece en nuestro medio es el carácter sistemático que no solo relaciona los conocimientos si no lo muestra como un conjunto de ideas coordinadas y subordinadas.
Sin embargo, si este criterio tiene la virtud de eliminar lo arbitrario, soslaya un elemento fundamental de la realidad, su índole contradictoria, que a su vez a sido reivindicada por la dialéctica. A partir de estas consideraciones pueden plantearse que los géneros académicos tienen que buscar un conocimiento ordenado de la realidad que debe reconocer su esencia contradictoria, pero sin caer en una simple ruptura de la coherencia lógica.
En este contexto son reveladoras las palabras de Jean-Paúl Sastre consignada en ¿Qué es la literatura?:
Creo que la clase burguesa puede ser definida intelectualmente por el empleo que hace el espíritu de análisis, cuyo postulado inicial es que los compuestos deben necesariamente reducirse a una ordenación de elementos simples …Todo fue analizado ;en el mismo movimiento, fueron reducidos el aire y el agua a sus elementos, el espíritu ala suma de las impresiones que lo componen, la sociedad ala suma de los individuos que la forman .Los conjuntos se desvanecieron…la realidad se refugio en los términos últimos de la descomposición .Estos en efecto –es el segundo postulado del análisis-, guardan inalterablemente sus propiedades esenciales tanto si entran en un compuesto como si existen en estado libre. Hubo una naturaleza inmutable del oxigeno, el hidrógeno, del azoe (nitrógeno), de las impresiones elementales que componen nuestro espíritu. Hubo una naturaleza inmutable del hombre.
El hombre era el hombre como el círculo era el círculo: de una vez por todas.

Y así:

…uno se hace burgués al optar , de una vez parta siempre por cierta visión del mundo analítico que se intenta imponer a todos los hombres y que excluye la percepción de las realidades colectivas .

Mas adelante, al expresar los principios que regirán ala revista Los tiempos modernos, Sastre rechaza el procedimiento analítico burgués y le contrapone su propio método de conocimiento:”Frente al espíritu de análisis, recurrimos a una concepción sintética de la realidad cuyo principio es que un todo sea el que sea es diferente en naturaleza de la suma de sus partes”.
Al reivindicar de este modo el método dialéctico, Sastre recuerda que al unir el oxigeno con el hidrogeno o con el nitrógeno resulta en una síntesis distinta, pues en un caso la reacción química provocara el surgimiento del agua y en le segundo el del aíre. En resumen, tal como postula el método dialéctico, el todo nunca es la suma de las partes.
El tercer requisito que deben cumplir loas géneros académicos radica en que una vez delimitado el objeto de estudio, este determina la temática que tiene que abordarse. Esto significa que cada objeto de Studio convoca un nconjju8ntoi de temas que nunca son arbitrarios sino permitentes. O dicho de otra manera al contrario de otros géneros como el ensayo, donde la selección de los temas depende del escritor, en los géneros académicos el investigador tiene que someterse a tratar todos aquellos aspectos que son indispensables para el cabal conocimiento del objeto de estudio.
Esta obligación académica no solo supone los temas intrínsecos al objeto de estudio sino, muy especialmente, los que lo sitúan en su contexto. Aislar el objeto de estudio, ya sea la totalidad en que esta inscripto o de la historia que conforma su contexto, lleva el riesgo de no comprender el fenómeno. Y esto ocurre por que el concepto de totalidad y el de historicidad consiste en reconocer que cada uno de los fenómenos particulares esta relacionado con la totalidad en la que esta inscripto y con el devenir del que proviene.
Un cuarto rasgo de los estudios académicos es que deben responder a un rigor que no es otro que su valides científica. Al contrario de las obras literarias, que gozan de una relatividad autonomía, los textos científicos tienen la singularidad de confrontarse con otros textos. No solo eso, sino que una investigación pueden negar la información planteada en otra. Así, en la historia literaria la aparición de una obra maestra como Ulises, de James Joyce, no excluye el valor de otra novela anterior como podría ser El Quijote, de Cervantes. En la ciencia, en cambio, la objetiva confortación a la que se somete el texto, independiente de la voluntad del autor, desemboca en que una nueva teoría puede rectificar o desplazar a una anterior. En la ciencia, entonces, se establece un dialogo que no excluye ni los acuerdos ni las polémicas con otro texto, y el conjunto conforma un caudal de conocimiento en el que modo forzoso se inscribe cada nueva obra. Así, un estudio sobre Diego Rivera, sobre la industria automotriz o sobre el zapatismo, pasara a formar parte y se confrontara con todos aquellos estudios que se haya publicando sobre el pintor, esa industria o ese movimiento social. Naturalmente, también con la investigación que forman parte de la misma disciplina.
No solo se polemiza o se dialoga, sino que toda investigación se inscribe tanto dentro de una disciplina como dentro de una escuela de pensamientos, lo que implica una serie de categorías propias, de conceptos, de términos técnicos, cuyo manejo es también indispensable para obtener rigor científico. Es común que términos tales como mala fe, dialéctica,, barroco o dependentismo, que tiene una connotación determinada en el existencialismo, el marxismo, la estilística y la economía respectivamente, se empleen con mayor o menor libertad en una conversación, pero a riesgo de caer en el ridículo es inamisible que los términos mencionados no se utilicen con toda preedición en un estudio filosófico, artístico o económico.
El rigor científico, pues, depende de la adecuada inserción en el caudal de conocimiento que conforma cada disciplina. Hay que destacar, sin embargo, que el conocimiento sistematizado que forma el sedimento de cada especialidad ha obtenido su valides no de la discusión con otros textos, ni de su coherencia lógica interna sino de una conformación aun mas importante que consisten en probarse con la realidad. En consecuencia, es la realidad y la capacidad de una teoría para explicarla, que le otorga la valides científica. No se trata, como suponer el empirismo, de solo registrar los hechos reales, sino en efecto de construir una interpretación abstracta, que habrá de llevarse a lo concreto, es decir, a la confrontación con la realidad y de ahí regresar a lo adstrato. Como se ve, el rigor científico no es exclusivo de una determinada metodología sino se deriva de la capacidad de las teorías para explicar la realidad.
De lo anterior se concluye que los géneros académicos, por su propia naturaleza, están dirigidos a un público especializado que en principio conocerá la temática e incluso la terminología. Sin embargo, no queremos dejar de destacar que tanto por aspiración democrática como por lo reducido del público lector, es conveniente en nuestros países tratar de ser comprendidos por la mayor cantidad de personas. Atraer al lector, explicar los términos técnicos y exponer con claridad principios que forma parte de nuestra normas de redacción, a las cuales remitimos al lector (“Normas de redacción”, capitulo 2, pagina 34), son validos también para los trabajos de investigación.
Los géneros de investigación son:

- Tesis o libro

- Tesina

- Ensayo

- Estudio académico o monografía

- Concurso de oposición

- Prólogo

- Edición Crítica
Por Taller de Redacción
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